sábado, 16 de agosto de 2014

The Killing

















Es curioso cómo puede llegar a haber momentos tan buenos y tan malos en una sola serie (un par lo han logrado en una sola temporada). Esto sucede un par de veces en The Killing, que tuvo un formato interesante cuando estrenó en el 2011: ver uno de esos casos de asesinato, formato común para contar historias en televisión, a lo largo de trece episodios en lugar de cuarenta minutos como el resto de series policiales más populares (CSI, NCIS, Criminal Minds). No es de extrañarse que lo mejor de las primeras dos temporadas fue el inicio, donde se cuenta la historia de cómo dos detectives, Sarah Linden y Stephen Holder, se encargan de investigar la desaparición de Rosie Larsen. Esas dos horas iniciales tienen, además de la atmósfera lluviosa y gris que caracterizaría el resto de la serie, una urgencia y desesperación bien llevadas que culminan con el descubrimiento del cuerpo de la adolescente; lastimosamente, esa urgencia no logró mantenerse y cada aspecto de la investigación, junto una estorbosa subtrama de política, llegó a ser tan complicada que fue fácil perder el interés. La peor parte llegó cuando, al final de la primera temporada, la creadora decidió no cerrar el caso, ni revelar al culpable: las complicaciones y enredos narrativos seguirían por trece episodios más y la furia de quienes la veían se hizo notar. En fin, el misterio de quién mató a Rosie Larsen fue –por fin– resuelto (una revelación desastrosa) y The Killing fue cancelada. Hasta que, por razones que es mejor no cuestionarse, el canal le otorgó una nueva temporada. Fue una sorpresa no muy bien recibida, pero el proyecto de doce episodios resultó ser superior a sus predecesoras en prácticamente todos los aspectos, y esta vez, la investigación sí cerró el caso que fue asignado a los detectives (ahí hay una actuación magistral de Peter Sarsgaard como un preso condenado a muerte). Es entonces que el canal decide, una vez más, darle fin a la serie. Pero, ¡sorpresa!, llega Netflix al rescate y le otorga seis episodios más para cerrar definitivamente la historia. El asunto fue casi risible. ¿Y qué historia iban a cerrar?

Les cuento.
Al cambiar de caso de asesinato tres veces, estos dos detectives se volvieron el común denominador durante toda la serie, ya ni siquiera era el aspecto detectivesco. No. Fue a través de cuarenta y cuatro episodios que vimos a Linden y a Holder construir una amistad en pantalla que se convirtió en la evolución casi desapercibida de estas dos personalidades tan diferentes, pero tan parecidas. La cuarta –y última– temporada pone a los dos a prueba, al dispararle a su jefe (porque descubre que es un asesino en serie) y Holder ayudarla a deshacerse del cuerpo, Linden debe lidiar con su culpa y miedo de ser descubierta. No solo hay excelente balance entre personajes y trama sino que, por ser más corta, vuelve esa urgencia que se vio en el piloto al no tener tantos episodios de relleno que alarguen la narración innecesariamente. 

Algo interesante, durante sus horas finales, fue la manera de posicionar la cámara con un espejo en el encuadre para que reflejara los diferentes estados de ánimo sobre todo de Linden, algo así como lo que sentía en su interior (ver imágenes): reflejo roto, por la gravedad de lo que hizo; borroso, como si ni su mejor amigo pudiera ayudarla; limpio, porque al fin logró deshacerse de lo que la atormentaba, pero con la separación –tan lejos y tan cerca– de su compañero, quien llega a ser su único y mejor amigo. Incluso los afiches promocionales son rostros borrosos detrás de un vidrio con gotas de sangre: ambos resguardan un secreto sangriento (ver arriba). 

Al final, pasan las seis horas fácilmente que abren y cierran bastante bien el caso del asesinato y la investigación de Linden y Holder, unidos al cierre (sí, ese cierre) del viaje emocional de estos dos personajes que conocimos desde el principio; eso es lo que vale la pena al final: la satisfacción y –¿por qué no?– felicidad que queda luego de ver tanta muerte y tristeza en las familias con las que tuvieron que involucrarse, es un final feliz bien merecido. Tanta empatía hacia ellos no habría sido igual sin las actuaciones de Mireille Enos y Joel Kinnaman, quienes además de tener excelentes actuaciones, aportaron una química incomparable entre los dos que iluminaba cada escena, se sentía la comodidad con la que representaban sus personajes que resultaron la mejor parte de la serie en general. De The Killing quedará el recuerdo gracioso de cómo murió y volvió a la vida entre tantos altibajos narrativos y de producción, pero aún más el buen sabor de ésta relación de personajes que pocas veces se ve tan bien lograda en televisión.

Por ser la cuarta exclusiva de Netflix, las primeras tres temporadas también están ahí disfrutarlas desde el principio, sea por primera vez o para repetirla.

domingo, 27 de julio de 2014

La Cualquiera


Para decir la verdad, no esperaba mucho de La Cualquiera, pero sí quería, al menos, ser sorprendido; por lo menos un poco. 
Anunciada como la "primera miniserie cien por ciento costarricense" y constantemente promocionada, por parte de su creadora y actores en varias entrevistas, como una representación de hechos reales que llevarían a la reflexión, sin mostrar nada que no fuera necesario, La Cualquiera tenía las mejores intenciones, pero el resultado no tiene ni pies, ni cabeza.
Comenzando por un nombre horrible que no refleja en su totalidad lo que fue la serie, hasta un montaje (edición) chabacano y a la rápida, como si se les hubiera agotado el tiempo o les dio pereza y quedó totalmente descuidado, especialmente en el episodio final.
Luego de un muy mal piloto, un poco de esperanza apareció en los primeros veinte minutos del segundo episodio, cuando comenzó a tomar forma la historia de lo que parecía el personaje central, Aylin, y la manera de abordar los demás como secundarios para darles su debido protagonismo en el futuro. Todo se desmoronó cuando la mezcolanza de escenas y diálogos sin una línea narrativa clara pasaban por la pantalla, con las voces de los actores evidentemente –y muy mal– pospuestas y con música estorbosa, hasta cursi, que giraban alrededor de situaciones sin mucha coherencia interna.
Si bien casi se logra un ápice de empatía con Aylin, la chica no resulta muy relevante pasado el episodio dos, ni siquiera en el momento de su muerte; los demás no sabían que debían ser protagonistas de un programe de tele. Esto además de una pésima caracterización de personajes, llena de estereotipos que ni siquiera tuvieron tiempo de desenvolverse; la trama debía avanzar rápido y sin interés de conocer a las personas que sufrían en pantalla. Lo que llevó al episodio final, un desastre narrativo apresurado e imposible de entender por sus cortes abruptos y hasta ausencia de lo que parecían escenas importantes o de peso dramático que llevaran a un desenlace satisfactorio. A brincos y saltos termina la cosa, sin darse cuenta que había comenzado.

Está claro que una temática general es importante para delimitar una historia: qué se quiere contar y transmitir; pero cualquiera que ha visto una serie sabe que se debe contar algo que tenga sentido por sí solo en entregas de unos cuarenta minutos (o veinte). Al ser idea para una película, la creadora no está pensando en una serie, sino que partió en cuatro un filme largo, utilizando la lógica de una producción bastante diferente a lo que es la televisión en serie.
Entonces me encuentro que la directora de la casa productora (quien financió el proyecto) dice, en una entrevista, que «13 episodios era muchísimo» y que a la gente «la tiene que dejar con ganas, no la tiene que saturar»; ella no tiene claro el concepto de serie, o miniserie en todo caso, al decir esto. Trece es el número mínimo al armar una temporada de televisión (aunque ahora diez u ocho también es común), cantidad que habría resultado apropiada con tanta historia que se quiso abarcar. Pero al ser miniserie, ni siquiera hay necesidad de dejar con ganas a nadie pues el programa tendrá inicio, desarrollo y final, no es algo que continuará. ¡¿Y cuántas temporadas o series ve la gente estos días?! No existe la saturación en cuanto a televisión.
Entiendo que el asunto del presupuesto fue, sin duda, el factor que impedía alargar el proyecto, pero otras producciones nacionales, que se transmiten por internet, logran, como mínimo (pues tienen sus fallas), crear un episodio con su historia individual, a la vez que llevan una continuidad orgánica con sus personajes: Dele Viaje y La Vuelta tienen, les aseguro que con muchísimo menos dinero, más pinta de serie que La Cualquiera.
Al final, el error es creativo. Ni la misma guionista supo estructurar cada episodio con eficiencia como un todo o como piezas individuales de televisión. El potencial estaba ahí, pero en cualquier aspecto que quiso sobresalir, no logró dar la talla (si es que había una para empezar).

jueves, 24 de julio de 2014

The Leftovers

Tres veces me he sentado a escribir sobre esta nueva serie de HBO sin lograr una reseña que me satisfaga, le haga justicia o que abarque su inmensa calidad. Con The Leftovers ("Las sobras", genial título), de la mano de uno de los creadores de Lost, Damon Lindelof, y del escritor de la novela original, Tom Perrotta, basta con decir que es excelente televisión en su punto más crudo y humano y que cualquiera que disfruta de historias meramente de personajes no debe perderse esta producción que, por un lado, puede ser de lo mejor del año o fallar catastróficamente en el intento; pista: hasta el momento, es la primera. Les dejo algo corto que fue lo  que logré escribir con más sentido.

¿Qué pasa cuando perdemos a algún familiar o a alguien cercano? ¿A dónde van? ¿Qué hay más allá de este mundo en el que vivimos? Cada vez que perdemos a alguien debemos pasar por un proceso de tristeza y dolor que puede desmoronar un núcleo familiar de las maneras más inesperadas posibles.
The Leftovers lleva a sus personajes a plantearse estas preguntas luego de que el 2% de la población del mundo desaparece misteriosamente sin saber qué causó este abrupto rapto o el porqué. 
Es dentro de esa realidad propia de la serie que se estructura un aire de misterio y duda constante; mientras unos continúan su vida con el sufrimiento latente, otros han formado una especie de culto, siempre vestidos de blanco, que pretende olvidar a cualquier ser querido que se haya tenido, esto sin pronunciar una sola palabra. Este es el elemento narrativo más interesante y la manera de expresarse sin decir nada da paso a interesantes actuaciones de parte de dos actrices principales.   
La tristeza, enojo, desolación y confusión de todos, absolutamente todos los demás personajes lleva la serie a niveles emocionales que demuestran cada escape particular en cada persona al enfrentarse a esas preguntas que vienen con la vida, pero, ante todo, el estar en constante incertidumbre.  
Un pequeño problema es el estereotipo de un par de esos personajes que, esperemos, evolucionen conforme avanza la serie (de diez episodios este año).
Llena de metáforas y más preguntas que respuestas, The Leftovers no promete otra cosa que un crecimiento no de trama, sino de personas, y representar ese que es uno de los temores más grandes que tienen los seres humanos: al final del día, estamos solos en el mundo.

Domingos 10 p.m. en HBO, repite jueves 8 p.m.

sábado, 14 de junio de 2014

Penny Dreadful


Hay algo que no calza bien con Penny Dreadful. No debería ser tan buena.

Cuando se crea una serie que reciclará ideas de historias tan conocidas y adaptadas infinidad de veces, siempre existirá cierta reserva  o posibilidad de que falle completamente, que es el caso cuando se trata de figuras fantásticas tan conocidas y exploradas. Por suerte, esta serie se encuentra en ese pequeño porcentaje que logra hacer que un montón de ideas recicladas sean divertidas de nuevo.
Su género entra en la revivida categoría de terror en televisión; luego del éxito de American Horror Story y sus ridículas historias y la más callada Hannibal que se apoya en su estilo visual y horror más psicológico, Penny Dreadful logra su buena calidad en mantener la información de la trama al mínimo. Es su aire intrigante de misterio que dejará al espectador con ganas de saber lo que hay detrás de lo que se nos muestra después de los primeros dos episodios; sin embargo, esas pinceladas de introducción de trama y personajes están tan bien hechas que no podíamos dejar por fuera la recomendación que HBO transmite por Latinoamérica.
El término "penny dreadful" se utilizó en Inglaterra, durante el siglo 19, para referirse a pequeñas publicaciones de cuentos que costaban un penique; es decir, historias sensacionales de poca categoría que se volverían muy populares entre los jóvenes de la época. La serie, toma esas historias tan conocidas -hoy clásicos-, originadas en ese siglo, y las mezcla en un solo mundo para darnos el curioso resultado que es Penny Dreadful.  
El exceso de cuentos fantásticos puede ser abrumador para cualquiera, y sería fácil que la serie se desmorone poco a poco con tantas historias que quiere sostener, pero nunca es demasiado; un desliz narrativo del tercer episodio no le quita el enorme disfrute que logra Penny Dreadful con sus personajes, todos con secretos e historias pasadas. Ahí está la mejor parte del programa: las interacciones de estos seres sospechosos en vestuarios y diálogos extravagantes (¡qué diálogos!) que permiten involucrarnos en esa atmósfera melancólica y misteriosa, ya de por sí bien lograda, con la oscura coloración y escenografía. No olvido mencionar la excelente dirección, evidente en el buen manejo de la cámara en varias secuencias con y sin cortes, ni las actuaciones, igual de enigmáticas a sus personajes, de Eva Green (genial), Timothy Dalton y Harry Treadaway (excelente) como el doctor Victor Frankenstein.
Penny Dreadful tenía todo en su contra para llegar a tener buena calidad; por suerte, desafía todo pronóstico preliminar y logra un auténtico entretenimiento para quienes disfrutan de esas historias recicladas ya tantas veces, pero con un resultado favorable que puede distraer hasta a quien menos guste del terror.

Estrena nuevo episodio los viernes en HBO Latinoamérica.

lunes, 26 de mayo de 2014

Hannibal: segunda temporada

No hay serie igual a Hannibal.






En su primer año fue un experimento muy ambicioso que resultó en una excelente manera de volver a contar una historia de la cual ya sabemos el final, pero más importante era el viaje hacia esa conclusión. Al término de su segundo año, dentro de sus giros narrativos retorcidos y aspectos meramente psicológicos, salió a relucir la verdadera joya del programa: sus historias visuales. El equipo de producción está consciente del estilo y firma que hace resaltar a la serie, la extravagancia que la identifica será utilizada de la manera más exagerada posible a través de las hermosas imágenes con sobresaturación del color y detalles grotescos y aumentados en primer plano que cuentan la historia detrás de los "platillos" que cocina el doctor Lecter.
La división de la segunda temporada que sostuvo a Will Graham tras las rejas durante seis episodios fue, además de arriesgado, la excelente base que necesitaba la relación entre él y Hannibal, construyendo un vínculo diferente al que tuvieron el primer año (una evolución más retorcida y manipuladora al saber Will el verdadero lado de Hannibal), pero centrada en llegar a la segunda mitad que, a pesar de ser más problemática, mantuvo un nivel de tensión y confusión (sobre todo para el espectador) que llevaron a un dolor y sorpresa más impactantes al ser resueltos en el clímax del final de temporada, dirigido de manera brillante por David Slade.  
Es el genio de Bryan Fuller y su equipo de escritores que sostienen trece episodios al año y logran crear piezas de televisión no solo de gran calidad, sino que entretienen enormemente con esta re imaginación de los libros originales de Thomas Harris; pero es aquí donde se nota, más que en otras producciones, la colaboración de muchas partes que crean un programa de televisión: la dirección artística, la música y edición de sonido, el diseño de producción y las actuaciones sobresalen de manera independiente para crear, entre sí, un conjunto que se transforma en lo que vemos en pantalla cada semana. Si las palabras no me alcanzan para poder abarcar esta deliciosa y terrorífica serie, es porque sería imposible describir su grandiosidad de imágenes que resaltan enormemente, en la pantalla, su incómoda belleza, y dan una sensación de estar viendo, más bien, una obra de arte.   

miércoles, 21 de mayo de 2014

Fargo










Es cansado que existan adaptaciones o re imaginaciones de historias que fueron bien contadas en su momento y se quiera intentar emular el impacto que tuvieron o la conversación que generaron. Aquí, como el mismo título sugiere, el intento es de adaptar una de las mejores películas de los hermanos Coen, Fargo. ¿Cómo es posible intentar tocar la genialidad de esa película? Pues el creador, Noah Hawley (que escribió todos los episodios), lo logró y con un resultado que me sorprendió.
El primer episodio es un claro homenaje a la filmografía completa de los Coen, con un parecido en los personajes, la manera de hablar, la fotografía y el estilo de narrar; eso sí, la historia es completamente diferente al filme original: más bien resulta una manera de contar algo nuevo con los pequeños y curiosos detalles que resaltaron en ese entonces, ese mecanismo de causa y efecto que, si no se maneja bien, puede resultar forzado y poco creíble. Por suerte, aquí no llega a eso.
Es a partir del segundo episodio que Fargo se acomoda mejor y se vuelve verdaderamente una serie que mueve sus piezas como si cada episodio fuera el capítulo de un libro. 
Porque con apenas diez episodios programados, Fargo no será de los programan que continúan  después de terminar su primer año; eso le da confianza en contar su historia de manera más suelta y como piezas de un rompecabezas que no siempre tendrán una trama distinta cada semana. Así se sienten varios episodios que establecen la base de los personajes para los enfrentamientos entre ellos hacia el final de su recorrido.
La producción se lleva la mención de honor. El elegante estilo cinematográfico de la película está presente en esta versión para televisión y no pierde la oportunidad de mostrar los paisajes de Minnesota (pues el pueblo del título queda inexplicablemente por fuera); se le une la formidable banda sonora de Jeff Russo que tiene la genial mezcla de suspenso y comicidad para ayudar al tono de la serie. No se quedan atrás las excelentes actuaciones de los cuatro protagonistas: un aterrador Billy Bob Thorton, Colin Hanks, la muy agradable presencia de la desconocida Allison Tolman y el estelar Martin Frreman disfrutando cada escena en la que aparece.
A pesar de tener un par de altibajos en el guión y ser un programa que es llevado más por la trama que por sus personajes, Fargo llega a captar esa chispa de la película con una historia original que, a ratos, llega a ser hasta más macabra. No se la pierdan.

jueves, 17 de abril de 2014

The Americans: segunda temporada

Para los que analizamos infinidad de programas de televisión y el tiempo apenas nos alcanza, una
manera de verlos es mientras se hace otra cosa. Lograr ver un nuevo episodio, dependiendo de la serie, puede hacerse sin prestarle toda la atención del caso, es entretenimiento digerible de manera más fácil.
The Americans tuvo, desde su estreno el año pasado, la peculiaridad de ser un programa donde había que ver sin distraerse porque no es una premisa que "atrape" al espectador fácilmente o, en muchos casos, que el espectador entienda. Su atención a los detalles es una admirable forma de hacer televisión, y son detalles que se pueden captar solo si se les observa con cuidado.
Es mientras está al aire la segunda temporada que me doy cuenta de lo difícil que es ver The Americans, una serie que fácilmente puede aburrir a gran parte de la audiencia y que es para quienes llegan a encontrarle el silencioso encanto que produce semanalmente.
Dentro de sus historias de espías está presente un constante cuestionamiento de lo que es el bien y el mal, qué es lo importante en la vida de este matrimonio arreglado que terminó enamorándose. 
La dirección de esta temporada, y la construcción del tema en general, surgió cuando Phillip y Elizabeth encontraron a una familia amiga, y a dos de sus hijos, asesinados en la habitación de un hotel; la imagen no solo fue un impacto increíble para lo que fue un excelente episodio, sino que permitió que los protagonistas se dieran cuenta del peligro que implica su "trabajo" y que las consecuencias podrían recaer en sus hijos, sus verdaderos hijos.
Así, los jefes de las serie, Joe Wiesberg y Joel Fields, construyen una cantidad de situaciones que, sin darnos cuenta, se han ido complicando de la mejor manera posible y siempre conscientes sobre el cuestionamiento de cuál es la razón detrás de cada acción que realizan Phillip y Elizabeth (matar a una persona inocente que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado), sin olvidar el "punto débil" que ahora tienen: el amor por su familia.
Con actuaciones sutiles pero de excelente calidad al punto que transmiten cada emoción de la manera más natural y con la preocupación constante en sus rostros, Matthew Rhys y Keri Russel encarnan a dos rusos encubiertos que "disfrutan" de la vida americana mientras hacen lo imposible por filtrar información que beneficie a su patria original; eso sí, no se deben despegar los ojos de la pantalla porque se podría escapar algún gesto o mirada que puede ser más significativa que una línea de diálogo. 

lunes, 14 de abril de 2014

Game of Thrones: cuarta temporada

Si hay algo con lo que a Game of Thrones le gusta jugar es con su status quo. Cada muerte que impresione al espectador dará paso a una nueva manera de ver las historias que apenas iban encontrando un ritmo estable y, si se quiere, más "televisivo". Esto porque las series de televisión llegan a establecerse rápidamente en lo que les funciona junto a lo que le gusta a la audiencia más o menos finalizando su primera temporada y al comienzo de la segunda; como Game of Thrones está basada en los libros de George R. R. Martin y como su manera de jugar con el aspecto de "nadie está a salvo" es parte tan intrínseca de su obra, la serie transmite muy bien esa sensación a la hora de representar las muertes que Martin describe, con ese detalle extra del elemento sorpresa. Es así como, con cada personaje perdido, las dinámicas establecidas de los demás se desmoronan para llegar a algo nuevo con cada episodio.
Por otro lado, Game of Thrones tiene la desventaja -también, por "culpa" del libro- de tener demasiados personajes; tanto, que la cuarta temporada tomó dos episodios para ponernos al día con todos los protagonistas y sus diferentes historias; es difícil, incluso, reconocer la cantidad de nombres de los personajes principales y, aún más, de los nuevos que aparecen cada año. Pero el trabajo detallado de los "jefes", David Benioff y D. B. Weiss, logra que cada momento que estamos con alguien específico sea de la mejor manera posible, recordándonos el porqué nos interesa lo que suceda con cada una de las personas que conocemos de la serie.
Después de la trágica muerte de tres personajes principales en la "Boda Roja" (Red Wedding), no había mejor manera de equilibrar esa pérdida con otra que muchos habían esperado y parecía imposible que sucediera. Jofrrey Lannister es, posiblemente, uno de los personajes más odiados en televisión de los últimos años. Sus acciones de chiquillo malcriado e insolente con todo el poder de un reino en sus manos eran razones suficientes para detestar a una persona tan horrible con apenas dieciocho años, además, lograban buena televisión por su tensión e impotencia de los que le rodeaban y de los que veíamos. Con su muerte (en un excelente montaje casi teatral que acaparó más de veinte minutos del episodio), las posibilidades para el futuro de la serie son inmensas, pues la cabeza que sostenía un cierto orden del reino (siendo su abuelo y madre el verdadero poder detrás del trono) o, por lo menos, un temor ante la corte real, representaba lo más cercano a ese status quo de televisión que Game of Thrones sostuvo desde su primer año y al hacerlo apenas en el segundo episodio del año, cuando el clímax siempre ha sido llegando al final de temporada. Ahora, viendo los créditos de escritura y dirección de los episodios futuros y a pesar de sostener más de veinte personajes con historias separadas, no hay duda de que todavía nos esperan los viajes más interesantes y emocionantes que la serie puede ofrecer. Estamos en buenas manos.
Valar Morghulis!

lunes, 24 de marzo de 2014

The Good Wife: Dramatics, Your Honor

Cada cierto tiempo, los escritores de una serie de televisión deciden cambiar la dinámica del curso narrativo eliminando a uno de sus personajes, sea que no aparezca más o asesinándolo.  Las razones de esta decisión varían según los detalles de producción que muchas veces no llegamos a saber, y mientras los escritores deben lidiar con el largo proceso creativo de matar al personaje de manera orgánica, a los espectadores nos toca lidiar con el impacto de la manera más sorpresiva, causando tristeza profunda o un enojo que resulte en renunciar a ver el programa. Infinidad de series han recurrido a muertes repentinas y chocantes: The Walking Dead, por su naturaleza, lo hace siempre; Breaking Bad logró manejarlo muy bien las pocas veces que lo hizo; y Game of Thrones llegó a un extremo tan sorpresivo que estremeció a todos sus fanáticos cuando alcanzó el clímax del año pasado.
El caso de The Good Wife, excelente serie que siempre ha sobresalido con sus historias legales y --más importante-- sus dinámicas entre personajes bien construidos y actuados, es de esos que, cada semana, nos podemos adentrar al pequeño mundo creado y ser testigos de los problemas y ocurrencias para solucionarlos que surgen en las oficinas de los abogados. ¿Quién se iba a imaginar que nos apegaríamos tanto a los personajes que la ruptura del status quo episodios atrás definiría el tan doloroso, pero necesario cambio de las historias en curso? 
Pero nadie había muerto. 
En esa comodidad, nunca pasó por la mente de ningún espectador que uno de los personajes principales y más queridos acabaría asesinado en el momento menos esperado y de la manera más impresionante posible en uno de los lugares tan representativos de la serie: la sala del tribunal.
¿Que el elemento sorpresa es un mecanismo narrativo para atrapar más al televidente? Sí. Pero que la pérdida duela tanto por haber conocido a este personaje durante cinco años es digno de ser mencionado por el impacto tan grande que causó The Good Wife en su último episodio. Un acto espontáneo de violencia es posible, a pesar de tener efectos obvios de melodrama para televisión, no se le puede quitar la bien manejada intensidad durante los últimos diez minutos de episodio: pasar de asombro, a negación, a esperanza y, por fin, al reconocimiento de que en realidad sucedió. Una tragedia así suele olvidarse rápido en televisión; en The Good Wife, no cabe duda de que el futuro de los personajes será marcado por este evento y que cambiará de nuevo la dinámica de la serie, pero esta vez no a nivel narrativo, sino de profundidad de personajes, donde entenderemos las reacciones de cada persona ficticia y nos identificaremos con ellas por el simple hecho de entender la pérdida de alguien cercano. Ese es el resultado de años de conocer a estos personajes y vivir tan intensamente (al menos en mi caso) cada pequeña historia que el programa ha mostrado.
Pocas series logran representar en pantalla las repercusiones que trae la muerte, aunque ninguna que haya visto este Hablador de Tele ha sido tan real como la muerte de Will Gardner.