jueves, 4 de diciembre de 2014

Olive Kitteridge

Al final del tercer episodio de la excelente miniserie de HBO, Olive Kitteridge, la personaje principal, Olive, se dice: «¿quién demonios creo que soy?», una pregunta que hace desmoronar todo lo que habíamos visto o creíamos de ella; antes de llegar al final, ella misma no sabe por qué hizo todo lo que hizo, por qué dijo todo lo que dijo.
Verán, Olive vive con su esposo, Henry, en un pueblo ficticio de Maine. Él es amable y cariñoso, siempre atento; ella es fría, tajante y con todo lo que dice logra hacer sentir mal a cualquiera. El más afectado por esto es su hijo, quien prefiere no hablarle a su madre por temor a que lo haga sentir como basura humana. Eso es una simple pincelada de lo que nos ofrece Olive Kitteridge, que más allá de la muestra de vida en un pueblo pequeño y alejado de la ciudad, es el viaje interno de estos personajes en varias historias pequeñas de duración, pero no así en profundidad.
El foco de atención principal no es siempre la personaje del título, oscila, pero ella siempre está presente, como cuando a veces, por un momento, dejamos de ser los protagonistas de nuestra propia historia porque estamos demasiado ocupados y distraídos por lo que sucede alrededor, pero eso no deja que nos perdamos de vista y regresemos a lo que nos hace ser nosotros, y es ese mismo mundo en el que vivimos y debemos soportar, en las buenas y en las malas.
Ni uno de los acontecimientos que giran la historia en otra dirección se sienten forzados, más bien sirven para desdoblar cada personaje de manera inesperada pero totalmente orgánica, partiendo de la personalidad inicial y creciendo poco a poco, como los sucesos inesperados que nos marcan en la vida. En cada esquina de la miniserie hay detalles que la hacen especial, formales y de contenido, lo que la hacen imperdible. Y, a la vez, el sin sabor que puede dejar luego de terminado cada episodio vale la pena para pensar que, en cualquier momento y con cualquier cosa, sin que nos demos cuenta, algo puede cambiar dentro de nosotros, aún cuando algunos aspectos de la realidad externa queden igual a como estaban antes, para bien o para mal. 
Eso es Olive Kitteridge: sobrevivir las muchas y aveces muy entrometidas dificultades de la vida.

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